Friday, August 18, 2017

Materia prima melancólica - Ricardo Zelarayán





"A tu cuerpo se lo llevan a pulso las palabras que se dicen para no hablar", dice Zelarayán al empezar este poema bestial. Esas palabras que se dicen para no hablar, ¿para qué sirven? ¿para ocultar? ¿para encubrir?

Va el poema completo:

^^^

Materia prima melancólica - Ricardo Zelarayán



A tu cuerpo se lo llevan a pulso las palabras que se dicen para no hablar.
Carretilla sin rueda, tu baúl de cartón colorado se derrumba entre las vías muertas.
Y todo huele a pluma quemada.

Pasan dos peones forcejeando en una zorra. Y ya se alejan hipando:
-¡No te echés p’atrás, brasa en el culo!
-Y vos no me sigas dando soga, che…

Eras nomás la vecinita aquella, la que esperaba el ómnibus
en el descampado, bajo la sombra rala del paraíso aquel.
Última chance: las palabras resbalan como agujeros de cinturón.

Hay que llevarse el cuerpo que amenaza siempre con la última palabra.
La palabra filosa contra los palabreros de ley que acabarán por apalabrarnos.

Metido en bolsa de arpillera se sienten las patadas de los materos
de amargos. Después, el gusto del sisal con que te cosen la boca,
las orejas, los ojos y el culo, naturalmente.

El tordillo desensillado masca sus brotes agrios. Hay moscas sobre
la bosta dulce y fresca. La roldana canta y canta mientras el balde
sube y baja. Agüita de las palabras.

Es sábado. Los obreros de vialidad ya se fueron de farra. El viento
silba entre las chapas de la casilla solitaria junto a la ruta. Poco
más allá, rosa de fuego en la penumbra, un camión arde ahí nomás,
haciendo señas.
-->

Pescador - Emma Barrandéguy

Con amor
pongo mis manos en tu vieja caja de pesca,
toco suavemente
las sogas entrelazadas
y con paciencia las ordeno,
clasifico sonriendo los anzuelos,
admiro tu reserva de corchos,
tus mojarreros preparados para los niños
que tal vez te acompañaron
al reino ceñido de los hombres,
para aprender a serlo.
Comprendo tu dicha tranquila.
Sé que el hombre que pesca, huye,
sueña, piensa,
esconde su soledad,
hace estallar la rapacería
que lo rodea y lo corroe,
mira el cielo y respira,
mira el agua y se alimenta,
mira la presa con vanidad
de niño que completa su serie de figuritas.
Ahí nadie podía seguirte,
ni gastos, ni pleitos, ni políticas, ni vestidos de noche.
En los estantes queda ahora tu único tesoro
para que alguien que te desconoció
te celebrara.
Así lo hago.
Y te tiendo la mano,
hombre que mirabas el río
y seguramente sonreías.




De Pliegos de poesía 23, de Emma Barrandéguy (Gualeguay, Argentina, 1914-2006).

Wednesday, August 16, 2017





















"Enfrentado a una expectativa de luz, espera que esa luz suceda".

                                  Arnaldo Calveyra

¡Que viva la poesía! 📚 💌

Es una alegría muy grande que una revista literaria que disfruto tanto presente los poemas de *Hay leña*. Muchas gracias a José Villa por el trabajo y el generoso espacio en Op.cit. / Revista-blog de poesía.


-->
Si tienen un rato, ¡entren acá! Hay una cantidad tre-men-da de contenido.






Sunday, August 06, 2017

Salí a la calle - Estela Figueroa

Salí a la calle
y de pronto mi mundo
se resquebrajó.
No fue una tragedia.
Fueron detalles.

Pronto cumpliré setenta años…

Fue el frío polar
el dolor de garganta
el dolor en la mano derecha
a donde me quebré.

Mi mundo se resquebrajó como un espejo
que se cae.

Entonces retrocedí
y volví a entrar en mi casa
que estaba cálida y limpia.
Mi perra me miró asombrada.
Los animales se dan cuenta de todo. 
Las personas no.


Saturday, August 05, 2017

📚 🚀 🔥 📷 ⚡️

Para mí la lectura también es conversar con quien escribió el libro. Por eso me gustó tanto que Javier Eduardo Martínez Ramacciotti comparta algunas de las marcas que hizo al leer los poemas de Hay leña. Gracias por la sorpresa, otra vez. Aquí va su posteo:

«Acabo de terminar "Hay leña" ( Caleta Olivia, 2017) de Jimena Arnolfi. Es un broli que logra articular dos potencias que me gusta cuando se encuentran: la fuerza de la naturaleza y la fuerza de la vida civil. Poesía civil y poesía natural son como letras que se trazan a distancia pero cuando se encuentran elaboran el alfabeto en el que, imagino, hablan las cosas de este mundo. Cosas hermosas y derrotadas que saben que debajo de las raíces muertas hay tesoros. Sé que todxs quienes hayan pasado por esa tonalidad emotiva son mis camaradas. El resto, no. Porque una cosa es pensar con matices, otra lo contrario.»



























Thursday, August 03, 2017

Estas palabras de María Folatelli sobre los poemas de *Hay leña* me emocionaron mucho 🔥 ✨ 💛

📚 «La primera sensación, crac, es un crujido, crich. El sonido crepitante de la mutación.

Algo cae por su propio peso, se suelta o se arroja. Se corta la maleza, se limpia la zona. Hay leña. Y porque hay leña, crac, habrá un fuego, crich, donde lo sagrado se torna materia palpable. Donde las preguntas arden sin ser nombradas: ¿qué hay tan adentro? ¿qué hay por debajo? ¿cómo se produce la magia? ¿qué tesoros se esconden entre las raíces?
Así, Jimena inaugura una nueva cadencia en el aliento de su escritura. Un orden que busca alcanzar una intuición viviente de los estados y las cosas. “Quiero darme entera al monte”, dice y arremete. Sus poemas son como criaturas que se desplazan en una atmósfera donde la naturaleza avanza en desmesura, pero lo hace bajo un ritmo fluvial que “nace y deshace con paciencia”, purgando lentamente cada uno de sus mecanismos habituales. “En una tierra así todo puede suceder”, advierte y agrega: “El monte reclama un ojo activo”. Y ese es el modo en el que Jimena se afirma en el mundo: con miedo pero con fe. Ante todo, con presencia. Sabe que la distancia no la vuelve feliz, sino fuerte. Sabe que la memoria es un tejido que se pega al rostro con frecuencia. Sabe que todo es por lucha y necesidad. Pero también sabe, que aún en su estrategia de mantener la herida siempre abierta, la vida pulsa hacia la tranquilidad, la belleza y la protección.
Y si la mente insiste con ser siempre un campo de batalla; y si lo único que puede traducir el cuerpo es que no se sabe qué sentir; y si el corazón igual resiste; es ahí donde su poesía sugiere la perspicacia de no tomarse tan en serio. Como quien “señala su cabeza/ y dice a los vigilantes: ‘Acá tengo un millón de ideas’”, así, de esa forma, es que la ironía sale a dar hachazos a un sentimentalismo que por momentos se torna brutal.
“Escribimos lo que no sabemos tocar”, dice. Jimena escribe con esas mismas manos que alguien recoge para sentir en ellas el aroma fresco de las cosas buenas.
Crac, crich, el sonido de la mutación y allá en el fondo, un árbol que se creía muerto, empezando a florecer.» 📚





Me gusta